BIOGRAFÍA
18 de Septiembre
1603
– 1663
Festividad: 18 de
septiembre.
Fecha de beatificación:1753 por el papa Benedicto XIV.
Fecha de canonización: 16 Julio de 1767 por el papa Clemente XIII.
Nacionalidad: italiana.
Orden: franciscanos.
Patrón: estudiantes,
pilotos, astronautas, aviadores, viajeros de avión.
José nació en 1603 en el
pequeño pueblo italiano llamado Cupertino. Sus padres eran sumamente pobres. El
niño vino al mundo en un pobre cobertizo pegado a la casa, porque el padre, un
humilde carpintero, no había podido pagar las cuotas que debía de su casa y se
la habían embargado.
Triste niñez. Murió el padre, y entonces la madre, ante la situación de
extrema pobreza en que se hallaba, trataba muy ásperamente al pobre niño y este
creció debilucho y distraído. Se olvidaba hasta de comer. A veces pasaba por
las calles con la boca abierta mirando tristemente a la gente, y los vecinos le
pusieron por sobrenombre el "Boquiabierta". Las gentes lo
despreciaban y lo creían un poca cosa. Pero lo que no sabían era que en sus
deberes de piedad era extraordinariamente fervoroso y que su oración era
sumamente agradable a Dios, el cual le iba a responder luego de maneras
maravillosas.
Un distraído desechable. A los 17 años pidió ser admitido de franciscano
pero no fue admitido. Pidió que lo recibieran en los capuchinos y fue aceptado
como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en
extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor.
Se le olvidaban los oficios que le habían puesto. Parecía que estaba siempre
pensando en otras cosas. Por inútil lo mandaron para afuera.
Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era
rico, pero él declaró que este joven "no era bueno para nada", y lo
echó a la calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria y al desprecio
de su casa. La madre no sintió ni el menor placer al ver regresar a semejante
"inútil", y para deshacerse de él le rogó insistentemente a un
pariente que era franciscano, para que le recibieran al muchacho como mandadero
en el convento de los padres franciscanos.
Cambio inesperado. Sucedió entonces que en José se obró un cambio que
nadie había imaginado. Lo recibieron los padres como obrero y lo pusieron a
trabajar en el establo y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos
los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su
espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y
el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los
frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.
Coincidencias agradables. Lo pusieron a estudiar para prepararse al
sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa y no
era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales y el pobre Fray José
la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era
aquella que dice: "Bendito el fruto de tu vientre Jesús". Estaba
asustadísimo, pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo:
"Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, será la que tiene
que explicar". Y salió precisamente la única frase que el Cupertino se
sabía perfectamente: "Bendito sea el fruto de tu vientre".
Otra chiripa. Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía
quiénes sí serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo
respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo
suspendió el examen diciendo: "¿Para qué seguir examinando a los demás si
todos se encuentran tan formidablemente preparados?" y por ahí estaba
haciendo turno para que lo examinaran, el José de Cupertino, temblando de miedo
por si lo iban a descalificar. Y se libró de semejante catástrofe por casualidad.
Después de conocer la vida de San José, podemos notar que las
"coincidencias o chiripas" se trataban más bien de Providencias de
Nuestro Señor.
Fuertes penitencias. Ordenado sacerdote en 1628, se dedicó a tratar de
ganar almas por medio de la oración y de la penitencia. Sabía que no tenía
cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas
deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los
pecadores. Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor Ayunaba a pan y
agua muchos días. Se dedicaba con gran esfuerzo y consagración a los trabajos
manuales del convento (que era para lo único que se sentía capacitado).
Un caso único y raro. Desde el día de su ordenación sacerdotal su vida
fue una serie no interrumpida de éxtasis, curaciones milagrosas y sucesos
sobrenaturales en un grado tal que no se conocen en semejante cantidad en
ningún otro santo. Bastaba que le hablaran de Dios o del cielo, para qué se
volviera insensible a lo que sucediera a su alrededor. Ahora se explicaban por
que de niño andaba tan distraído y con la boca abierta. Un domingo, fiesta del
Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús
Buen Pastor, se fue elevando por los aires con cordero y todo.
Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se
ponía a rezar y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor y escuchaban muy
atentas sus oraciones. Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de
su cabeza y lo acompañaban por cuadras y cuadras.
Los 70 éxtasis. Ya sabemos que la Iglesia Católica llama éxtasis a un
estado de elevación del alma hacia lo sobrenatural, durante lo cual la persona
se libra momentáneamente del influjo de los sentidos (no oye, no siente) para
dedicarse a contemplar lo que pertenece a la divinidad. La palabra éxtasis
significa en griego: ser transportado hacia lo sobrenatural.
San José de Cupertino quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa
Misa, o cuando estaba rezando los Salmos de la S. Biblia. Durante los 17 años
que estuvo en el convento de Grotella, sus compañeros de comunidad presenciaron
70 éxtasis de este santo. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban
llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José
se elevó por los aires con cruz y todo y la llevó hasta la cima del monte.
Prohibición de aparecer
en público. Como
estos sucesos tan raros podían producir verdaderos movimientos de exagerado
fervor entre el pueblo, los superiores le prohibieron celebrar misa en público,
ir a rezar en comunidad con los demás religiosos, asistir al comedor cuando
estaban los otros allí, y concurrir a las procesiones u otras reuniones
públicas de devoción.
Cuando estaba en éxtasis lo pinchaban con agujas, le daban golpes con palos, y
hasta le acercaban a sus dedos velas encendidas y no sentía nada. Lo único que
lo hacía volver en sí, era oír la voz de su superior que lo llamaba a que fuera
a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus
compañeros diciéndoles: "Excúsenme por estos 'ataques de mareo' que me
dan".
Las levitaciones. En la Iglesia han sucedido levitaciones a más de 200
santos. Consisten en elevarse el cuerpo humano desde el suelo, sin ninguna
fuerza física que lo esté llevando. Se ha considerado como un regalo que Dios
hace a ciertas almas muy espirituales. San José de Cupertino tuvo numerosísimas
levitaciones.
Un día llegó el embajador de España con la esposa y mandaron llamar a Fray José
para hacerle una consulta espiritual. Este llegó corriendo. Pero cuando ya iba
a empezar a hablar con ellos, vio un cuadro de la Virgen que estaba en lo más
alto del edificio, y dando su típico pequeño grito, se fue elevando por el aire
hasta quedar frente al rostro de la sagrada imagen. El embajador y su esposa
contemplaban emocionados semejante suceso que jamás habían visto. El santo rezó
unos momentos. Luego descendió suavemente al suelo, y como avergonzado, subió
corriendo a su habitación, y ya no bajó más en ese día.
Besando al Niño Jesús. En Osimo, donde el santo pasó sus últimos seis
años, un día los demás religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la
Virgen María que estaba a tres metros y medio de altura, y darle un beso al
Niño Jesús, y allí junto a la Madre y al Niño se quedó un buen rato rezando con
intensa emoción, suspendido por los aires.
Su última misa. El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un
mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando celebrando quedó
suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo.
Muchos testigos presenciaron este suceso.
Tratamientos duros. Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran
meros inventos y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de
los Franciscanos en Roma y este al darse cuenta que era tan piadoso y tan
humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada. Lo llevaron luego donde el
Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le
contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y estando
hablando con el Papa, quedó José en éxtasis y se fue elevando por el aire. El
Duque de Hanover, que era protestante, al ver a José en éxtasis, se convirtió
al catolicismo.
El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo en no aceptar como milagro nada que
no fuera en verdad milagro, estudió cuidadosamente la vida de José de Cupertino
y declaró: "todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención
muy especial de Dios".
Getsemaní antes de la glorificación. Los últimos años de su vida, José
fue enviado por sus superiores a conventos muy alejados donde nadie pudiera
hablar con él. La gente descubría dónde estaba y allá corrían las multitudes.
Entonces lo enviaban a otro convento más apartado aún. El sufrió meses de
aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní) pero después a base de
mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma.
A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio
"Rezad, no cansarse nunca de rezad. Que Dios no es sordo ni el cielo es de
bronce. Todo el que le pide recibe".
Murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años.
Que Dios nos enseñe con estos hechos tan maravillosos, que El siempre enaltece
a los que son humildes y los llena de gracias y de bendiciones.
Tomado del Libro "Vidas de Santos" del P. Eliécer
Sálesman